Gente que me sigue:

viernes, 30 de abril de 2010

El caserío


No podía desperdiciar la ocasión: Después de largos años de estudios Ane había encontrado un filón que podía ser el lanzamiento en su carrera periodística. Aunque lo cierto es que no era ningún regalo; ir hasta esas montañas e indagar sobre la vida de una persona tan extravagante y extraña no era una tarea precisamente fácil.

-Si es usted capaz de descubrir el misterio que envuelve a ese tal Koldo y qué es realmente lo que hace que nadie se atreva siquiera a acercarse a sus terrenos, tendrá usted trabajo en nuestro diario - le prometió el señor Ugena, con un gesto que casi delataba una risa interior. En cierto modo le pareció un "no" piadoso. Un reto que debía ser demasiado difícil, para de ese modo, sin negarle el puesto, no se lo daría. Y si, por el contrario lo conseguía, estaba claro que era un buen partido para el periódico.

Pero para Ane no era tan grande el reto. Más grande fué partir de su Valladolid natal dejando todo atrás y marchando al País Vasco; del que tanto había oído hablar y que jamás había visitado siquiera. Lo que había visto de momento le gustó: Preciosos paisajes con montes y campos muy verdes y distintos a su Castilla natal. Y más si a ésto añadimos la oportunidad de un trabajo en lo que más le gustaba.

La mañana se presentó lluviosa. Después de desayunar un delicioso café con su bollito correspondiente, Ane se acomodó en su viejo Opel Corsa dispuesta a cumplir su nueva misión.

A pesar de que los montes eran muy bonitos, no estaba acostumbrada a tantas pendientes ni tantas curvas. Después de dar docenas de vueltas al volante y mover tanto la palanca de cambios como si de un puchero se tratara, llegó al alto de Urkiola.

De momento el viaje merecía la pena: La vista era maravillosa; precisos valles envueltos en una neblina que convertían las imágenes en una verdadera postal.

Entró en un bar típico del lugar; un viejo caserío de piedra. Nada más entrar le llamó la atención que a pesar de lo grande que era el caserío, el bar era muy pequeñito. Eso sí, tan acogedor que daban ganas de quedarse a vivir allí. Con chorizos de casa y pimientos secos colgados, con un tonel de vino al fondo, y las paredes repletas de cuadros con imágenes micológicas o de lugares típicos.

En la barra un hombre tremendo preparaba algo de espaldas a ella.

Pidió un café y no le costó nada entablar conversación con aquel hombre tan grande y acento tan curioso. Le recordaba a los chistes que había oído tantas veces a su hermano imitando a vascos. Le llamó la atención la amabilidad del lugareño. Había oído hablar mucho del tal Koldo, aunque cada uno contaba su versión, y la que más se repetía era que se trataba de un adinerado al que le fué mal la vida y que huyendo de algo o alguien, compró un caserío en lo más recóndito de aquellos montes.

- Lo conozco, sí - decía el camarero -, suele venir alguna vez por sal, azúcar o cosas así, pero a pesar de ser joven es un poco huraño y no da conversación.

- Pero dicen que la gente le tiene miedo - observó ella.

- Bueno, yo desde luego no - contestó - viene por sus cosas y habla muy poco, pero no se mete con nadie, pero claro - continuó - tampoco le gusta que la gente meta sus narices en sus cosas.

Después de preguntar en qué dirección se encontraba ese caserío, salió de la taberna despidiéndose del amable camarero y oyendo un "gero arte", que no tuvo ni idea de lo que quería decir, pero que con el tiempo pudo aprender que quería decir "hasta luego".

Siguiendo las indicaciones llegó hasta una valla de madera en la que el coche ya no podía pasar. Cogió sus bártulos y se dispuso a seguir andando.

Su primer día no terminó muy bien y acabó perseguida por fieros perros y oyendo disparos, que aunque suponía que serían al aire, imponían un terrible respeto.

Ya eran cinco los días que Ane lo había intentado sin ningún resultado. Esa misma mañana el señor Ugena llamó preguntando por los resultados. - Todo va muy bien - contestó ella ; no era aconsejable decirle la verdad...

Esa misma tarde al acercarse a la valla, vió al extraño joven sentado en la hierba con sus ovejas. Al intentar acercarse, de nuevo dos perros corrieron feroces hacia ella. - !Lur!, !Argi! - gritó el chico.

Los dos perros, obedientes, se detuvieron.

Ane, con un miedo difícil de disimular, continuó caminado hacia el pastor.

- Buenos días, ¿puedo hablar con usted? - dijo ella, ya muy cerca de él.

- ¿Qué quiere? - farfulló él.

La verdad es que de primera impresión, no le pareció tan temible como se lo describieron; tan solo vió a una persona solitaria, que por alguna desconocida razón huyó en su día de todo hasta ese lugar.

Aquella tarde poco pudo averiguar. En ningún momento se le ocurrió decir que trabajaba para un periódico y tan solo intentó hacer amistad con él. No le resultó difícil, ya que incluso le pareció atractivo. Por un momento pensó cuál sería la razón que pudo impulsar a ese hombre a abandonar todo.

Las visitas en esas tardes otoñales se fueron repitiendo día a día.

En esas visitas fué descubriendo que detrás de todo aquello, tal y como imaginó, había una terrible tragedia: Estuvo casado y en un terrible accidente de tráfico perdió a su mujer y a su único hijo. La vida hasta aquel momento le sonreía y disponía de dinero, puesto que su empresa de productos plásticos le iba muy bien.

Ese desastre truncó su vida. Se sumió en una terrible depresión, ya que no superaba la situación de volver a entrar diariamente en la misma casa, con todos aquellos recuerdos.

Vendió todo y se fué a vivir a lo más recóndito de aquellos montes. Era un lugar bonito, y con unas gallinas, unos árboles frutales, cabras, ovejas, vacas...no le faltaba prácticamente de nada. Tan solo le empezaba a "doler" un poco su soledad.

Contando todo ésto, Koldo, a pesar de la fama que tenía, se sumió en un terrible llanto, llanto que ablandó a la periodista y terminó llorando con él.

Las visitas se siguieron sucediendo tarde tras tarde. Ane fué enviando sus escritos al periódico y ya quedaba poco nuevo para contar. Pero a pesar de ello, seguía subiendo a aquel prado; algo estaba sucediendo en el corazón de la vallisoletana...

Aquella tarde, más que otoñal, se presentó invernal. La pareja no pudo salir al campo y se quedaron en el caserío. Ella llegó empapada. Se desnudó y se puso ropa de Koldo mientras sus ropas se secaban al calor del fuego de la chimenea.

Las ascuas chisporroteaban como queriendo escapar de su destino fatal. Y una tarde que se había presentado como una pesadilla, se había convertido para Ane en un verdadero sueño: Solo con la luz de la hoguera, y acompañados por el sonido de la lluvia y el viento en las ventanas.

- Ya tienes seca tu ropa - dijo Koldo. Ella volvió a cambiarse. Pero aquella noche iba a suceder algo que en el fondo los dos sabían: La noche se presentaba fatal y el chico le invitó a quedarse a pasar allí la noche. Ella por su parte pudo reprimir el grito de ilusión que su subconsciente pretendía soltar, y aceptó.

La noche fué mágica.

Ya por la mañana, después de un desayuno casero condimentado con besos de amor, Ane se dispuso a partir hacia el pueblo. Debía presentar su trabajo, aunque ésta vez debía suprimir cosas...

Después de marchar ella, Koldo tuvo que salir para comprar también unas cosas. Fué hasta el alto de Urkiola como siempre, y al bar de costumbre. El gran Urko era muy cordial, le caía bien. Además esa mañana debía estar contento, ya que canturreaba una canción en euskera mientras meneaba su tremendo trasero sin esperar que nadie entrara en ese momento.

A Koldo le resultó graciosísimo, y más después de haberse enamorado de nuevo: Ahora volvía a reir. Pero disimuló su risa por dos cosas: Por no ridiculizar a su amigo y por no perder su "título" de persona huraña, que le servía para que no se asomaran curiosos a sus propiedades.

Después de saludarse, se dispuso a comprar las cosas que le hacían falta: Cerillas, café y pocas cosas más que en su caserío, por supuesto, no podía conseguir.

En la entrada vió un expositor de revistas. No solía leer mucho, pero cogió un par de revistas y un par de periódicos. Como se había presentado con un sol que contrastaba terriblemente con el tiempo de la jornada anterior, cuando volvió al caserío, se dispuso a sentarse en una mesa fuera, solo, ojeando la prensa comprada.

El mundo se le vino encima al ver un titular que decía: "La misteriosa vida de Koldo".

Aquella tarde era especial para Ane. Le habían dado un puesto en el periódico y además estaba enamorada.

Como en tardes anteriores se dispuso a subir hasta el caserío. Al llegar le extrañó que no estuviera en la campa Koldo con sus ovejas. Fué hasta el caserío y no encontró a nadie.

Después de dar unas vueltas alrededor se dió cuenta de donde estaba: Partía leña en la parte de atrás del cobertizo. Su sorpresa fué mayúscula al comprobar que después de la noche pasada, Koldo no le hacía ni caso.

Hubo una terrible discusión. Ella lloraba, intentando explicar inútilmente que tuvo que hacerlo para poder conseguir su trabajo y que no decía nada que le pudiera perjudicar; tarea inútil: Koldo muy enojado le pidió que abandonara su casa y que no volviera jamás.

Los días fueron pasando. Con los días las noches. Y con el paso de los días y de las noches, el otoño. Ya no quedaban hojas en los árboles y la nieve empezaba a mostrar su color algunas mañanas. Allí la nieve asomaba con facilidad. Amboto, con más altura que Urkiola y con vientos realmente fríos, presentaba ya su capucha blanca.

En esos días el trabajo en el caserío se limitaba a cuidar los animales y poco más. Aquella mañana, fría pero sin nieve, Koldo sacaba al campo sus ovejas. Sus perros Lur y Argi, empezaron a correr ladrando con fiereza: Se giró y vió a un hombre corpulento montaña arriba.

Llamó a sus perros, ya que enseguida se dió cuenta de que se trataba de su amigo Urko. !Qué raro!, era la primera vez que subía al caserío. No le molestaba, ya que aunque intentaba por todos los medios que no se acercara gente por allí, Urko era su amigo.

Al llegar, Urko resoplaba y tenía unos colores que parecían dar calor a todo su cuerpo.

A pesar de que no tenía ni idea de lo que podía querer su amigo, no tardó en saberlo.

Invitó a entrar al gran hombre y le sacó una botella de vino, queso y chorizos hechos con sus propias manos, y empezaron la charla.

Ane había ido en varias ocasiones al bar. Le pedía que hablara con él. De alguna manera Urko defendió a la chica: No tuvo ninguna mala intención y está loca por tí - aseguraba.

Pero Koldo era muy cabezota y no cedió a los consejos de Urko.

Pasó el duro invierno.

Aquella mañana de principios de primavera el sol lucía radiante. Las florecillas blancas llenaban los campos y prometían una bonita estación. Por la ladera se acercaba alguien. Argi levantó las orejas y Lur echó a correr, pero sin sus ladridos habituales: Era normal, todavía la recordaban...

Koldo, sin entender como, apartó de su mente sus rencores. Se levantó y fué andando hacia ella. Ella por su parte seguía hacia él, y a pesar de su cansancio, cada vez iba un poco más deprisa: Él venía hacia ella...

Al encontrarse, él no pudo articular palabra; y ella tan solo un "lo siento" entre sollozos.

Se fundieron en un fuerte abrazo que hizo que sobraran las palabras.

Parecía mentira. Ya habían pasado dos años de todo aquello. Ane se despedía de su chico para dirigirse a su trabajo en el periódico. Él, por otra parte, se preparaba para otro día de trabajo en el campo y para atender a su hijo, que en éste momento empezaba a llorar.

!Qué bonito era volver a vivir!

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miércoles, 28 de abril de 2010

Verano en Mojácar



Ya llevaba mucho tiempo sin dibujar, como ya dije en otras entradas, y últimamente me dió por volver a coger de nuevo mis lápices. Pero sin darme cuenta acabo un dibujo y no encuentro el momento de empezar otro.
Tuvo que ser mi hijo el que me convenciera literalmente para que volviese a dibujar de nuevo. Y lo consiguió; así es que le prometí que además de empezar uno nuevo, sería para él.
Quisiera haberle hecho algo grandioso, pero mis manos no dan para mucho más.
En cuanto al tema del dibujo, ya llevamos varios veranos que nos asomamos unos días por Almería. Y éste último tuvimos la suerte de conocer un precioso pueblecito: Mojácar. En el dibujo se muestra una callejuela de ese pueblo. He querido mostrar esa tranquilidad que puede tener un pueblo tranquilo, típico; tanta como para que se pueda tumbar un perro en mitad de la calle sin el miedo a que venga un coche; así como buscando la sombra en un día de esos de calor aplastante.

martes, 27 de abril de 2010

Pase de algunos dibujos míos de tiempos escolares

Haz clic en el botón PLAY, y verás pasar algunos de esos dibujos escolares. Se hicieron todos con 11 y 12 años. Espero que te gusten y que te animes a dejarme algún comentario.

viernes, 23 de abril de 2010

Amor en el Transiberiano


Por fin, después de toda una vida de duro trabajo, Adam dejó su Londres natal para disfrutar del sueño de su vida: Viajar en el Transiberiano. Desde niño le hechizó todo el misterio y las leyendas que rodeaban ese viaje, tanto por su recorrido, atravesando siete husos horarios distintos, como en su duración ( alrededor de ocho días).
Ya llevaba unos días de viaje, que le habían dado para conocer a diversas personas de distintos países y costumbres: Al anciano señor Douglas y a su gentil esposa, que celebraban sus bodas de oro; o a dos cómicos hermanos italianos, de los que nunca recordaba bien el nombre y que siempre reían por todo; la felicidad afloraba por todos sus poros. Resultaban cómicos hasta en su aspecto: Los dos barrigones, con tirantes, y con unos bigotes que no se cansaban de afilar insistentemente.
También estaba la señorita Westley; elegante y coqueta: Toda una dama.
En ese largo viaje también hizo amistad con John; un amable camarero que en algún momento del trayecto a la vez que le había servido un trago le había entretenido con agradables y amenas conversaciones.
Ya habían atravesado Rusia, Mongolia, y en éste momento el tren se había detenido. Hasta aquí las vías eran anchas, pero para atravesar China, tenían que hacer una laboriosa operación: Al ser los raíles más estrechos, debían levantar ligeramente cada vagón para cambiar sus bogies y así adaptarlos al nuevo trayecto.
Ésto para los operarios podía representar una pura rutina, pero para los pasajeros no dejaba de ser algo muy curioso.
Mientras ésto ocurría, la meteorología se estaba complicando, ya que no dejaba de nevar. Y para colmo faltaban algunas piezas que no acababan de llegar. En la compañía ferroviaria les advirtieron que el posible retraso de las piezas podría retrasarse hasta un par de días.
Ésto a Adam de momento no le incomodaba mucho, ya que su amistad con la señorita Westley se había estrechado. En ese momento tomaban un delicioso café que John les había servido con todo lujo, acompañado de una suspicaz mirada.
Westley le relataba retazos de su vida, y Adam escuchaba a medias, ya que no sabía bien lo que le estaba pasando pero aquella chica le embelesaba. Era curioso: Soltero empedernido, sin ilusión por encontrar nada a sus cuarenta y cinco años, y allí estaba, en el tren de sus sueños y con una mujer que le estaba causando emociones que él prácticamente desconocía.
Fuera la nieve no cesaba, y la tarde comenzaba a ceder su turno a la noche, la cual con un manto oscuro cubría todo de un color aún más bonito si cabe aquel paisaje.
Toda esa magia unida: La de la noche, la del tren, la nieve, y... ¿por qué no decirlo?, el amor, estaba dando a Adam el toque de gracia a su sueño dorado.
Ya era tarde y John, aunque no decía nada, echaba miradas fugaces a la pareja implorando el momento de cerrar para poder retirarse.
Decidieron marchar hasta sus vagones.
Nada más salir del vagón-bar, Westley rompió la timidez de Adam besando suavemente sus labios.
Éste beso trajo a otro beso, y éste otro a un abrazo apasionado.
Sin saber cómo y sin esperarlo ninguno de los dos, habían encontrado el amor, envueltos en un ambiente de lo más romántico. De allí fueron instintivamente a la habitación de Adam: No hicieron falta palabras, ni decisiones que tomar...todo fué surgiendo.
Fué una noche llena de amor y pasión.
La noche pasó tan rápida que a los dos les dio la sensación de que alguien les había engañado. Alguien había trucado los relojes. Aunque en su fuero interno los dos sabían que no había engaño posible, que se les había pasado tan sumamente deprisa porque en el amor, el tiempo es lo de menos, es algo banal.
Se empezaban a oir voces por el pasillo, gente de aquí para allá. Incluso en el andén se notaba el revuelo.
Fué Adam el primero en salir de la habitación. Nada más salir se topó con un hombre que pasaba a toda prisa por allí; se escusó, y Adam aprovechó para preguntarle. La respuesta era bastante obvia: El tren estaba preparado para continuar su marcha. Adam se acercó entonces al Jefe de estación y éste le confirmó lo que ya le habían dicho: Alrededor de mediodía el Transiberiano reanudaría su marcha. La noticia a Adam le alegró solo a medias; en su sueño dorado, ni siquiera se había parado a pensar en que ese momento llegaría, ni en lo que pasaría a partir de entonces.
El comedor parecía tranquilo, aunque cada uno en su mesa comentaba sus más próximos planes. El ferrocarril llegaba a su destino y cada uno se dirigiría a un lugar distinto.
En la mesa ocho una pareja que ni siquiera miraba a su comida. Se cogían de la mano y se veían muy tristes: Adam y Westley, al igual que los demás pasajeros llegaban a sus destinos. Adam era libre. Debía volver a Londres, pero no necesariamente. A Westley sin embargo, le esperaba un chico, del cual nunca supo del todo si estaba enamorada, y unos padres ya ancianos en Manchester.
Ambos lloraban; ¿por qué el destino les había reunido en el lugar más recóndito de la Tierra, les había hecho vivir algo tan idílico, y ahora les pretendía separar...! Qué cruel!...
El ferrocarril reanudaba su viaje. La nieve había cesado y grandes máquinas se encargaron de limpiar los raíles. Ya nada frenaría ese viaje.
Los dos días siguientes solo sirvieron para que el amor se afianzara aún más, y el destino seguía su curso. El viaje finalizaba. Westley se bajaba antes que Adam, y el momento de la separación llegó.
Fué muy duro para los dos.
El tren volvía a arrancar y una chica sollozaba desconsoladamente en el andén. Por su parte, Adam se retiró de la ventana porque ya incluso le flaqueaban las piernas. !Qué triste situación!. Sólo quedaron por medio dos números de teléfono.
El resto del viaje para Adam fué una tortura.
Su corazón estaba partido del todo. Su mirada a través del cristal del tren miraba al infinito, sin ver otra cosa que la imagen du su amada.
Tres horas más tarde él también llegaba a su destino. Bajó su maleta y casi sin fuerzas se sentó en el primer banco que vió en la estación. Hacía mucho frío. Entró en la estación, sacó un café de una máquina expendedora y salió de nuevo; fuera hacía frío pero le apetecía estar solo.
El café era de una calidad pésima, pero al menos estaba caliente.
Cabizbajo, pensaba y se hundía aún más. Nunca había conocido esa sensación, pero era muy duro. Tuvo algún romance en su juventud pero jamás llegaron lejos, y ahora que había conocido a su verdadero amor, todo se había ido por la borda.
Sin saber bien el porqué levantó su cabeza. Fué como si alguien le dijera: Mira a tu alrededor. Y así lo hizo.
Delante de la estación unos señores con palas no cesaban de hacer ruido quitando nieve para que la gente pudiera andar por las aceras. Cerca de él un mendigo buscaba en una papelera...Al fondo a la izquierda dos hombres discutían; intentó agudizar el oído por si entendía algo, pero era inútil, hablaban otro idioma.
Su cabeza entonces dió media vuelta. Allí, al fondo, una chica corría tanto que se le iban cayendo cosas; primero su sombrero, luego algo que desde allí no podía distinguir, pero lo más curioso es que parecía correr claramente hacia él. Intentó reconocerla. Ya estaba más cerca. No podía ser. Miró un instante alrededor buscando una explicación y solo pudo ver un taxi con una puerta abierta...!Era ella!, !sí, lo era!...
A duras penas se levantó, ya que con los nervios no acertaba ni a dirigir sus articulaciones, pero fué sólo ese instante, ya que sin saber cómo él también echó a correr.
Casi chocaron. Se fundieron en un fuerte abrazo entre sollozos.
Después del largo abrazo, su mente empezó a volver en sí. Casi no hicieron falta palabras: ¿Pero..? - Todo acabó en mi otra vida y estoy aquí.
Después de aclarar un poco las cosas fueron de nuevo al taxi.
Ya en el hotel y después de consumar su amor decidieron qué harían el resto de sus vidas: Arrancarían en ese mismo pueblo perdido en el que se encontraban, dedicándose a lo que surgiera y el tiempo diría lo demás. Pero en una cosa no tenían dudas, sería para estar juntos para siempre jamás.


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jueves, 22 de abril de 2010

Hoy me faltas tú.


Hearts Comments

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Nota preliminar: Éste relato fué escrito originalmente el 14 de mayo de 2007:


Hoy me faltas tú.

Todas las madres del mundo dan normalmente todo por sus hijos, al menos yo pienso que es así: La naturaleza es inteligente. Pero a la vez que sé ésto, también sé que hay madres que dan todo su ser, que darían hasta su propia vida: Esa era mi madre. Dió absolutamente todo por mí; sólo estaba alegre si yo lo estaba, y del mismo modo, sólo estaba triste si yo lo estaba.
Tuvo un marido, mi padre, que a su manera la quería, pero a su manera...También dió todo por él.
Con mi hermana qué decir; también le dió todo.
Pero la vida a veces puede llegar a ser muy injusta.
Con mi madre lo fué, y una larga enfermedad la fué consumiendo poco a poco hasta acabar con ella.
A mi madre le costaba a veces entender bien las cosas, y había veces que por mucho que se le explicaran las cosas no las entendía, a causa de deficiencias que sufrió de niña y a una dura postguerra.
A pesar de ésto, mamá, hoy me haces mucha falta.
Va a hacer tres años que te perdimos.
Papá sólo te pudo sobrevivir poco más de nueve meses, ya que a su modo, te quería con toda su alma.
Hoy me siento muy solo mamá: Me voy dando cuenta de que es cierto; que ya no volverás...y hoy...
Hoy me faltas tú.

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Ermita de Mallabia


De niño, solía ir a pasear con mi madre y mi hermana. A veces se ponía a llover y teníamos que resguardarnos en un lugar cercano hasta que pasara la tormenta. Entre mis recuerdos de niñez encuentro ésta ermita y me viene a la memoria haberme cobijado en su patio varias veces. Allí jugábamos con hojas, palos y lo que encontrábamos.
Después de muchos años me ha apetecido dibujarla.
El dibujo está hecho con grafito y unos toques de lápiz de sanguina, y lo dedico a una mujer muy especial en mi vida.

lunes, 19 de abril de 2010

Venganza


En éste dibujo también invertí bastantes horas. Es una mezcla de carboncillo y grafito. El dibujo pretende mostrar a una muerte muy celosa: Tanto como para matar a la pareja de su amada.
He querido plasmar ese momento con caballos que identifican a sus jinetes, de tal manera que el caballo de la chica muestra tonos suaves, incluso dulces; al contrario que la muerte, que monta un caballo con líneas más definidas y tonos más agresivos.
Éste dibujo pertenece en éstos momentos a A. H. M.

martes, 13 de abril de 2010

Carta de un soldado


Amada mía, espero que a la llegada de ésta carta te encuentres bien. Aquí todo sigue igual; los bombardeos no cesan y no sabemos cuando acabará ésta dichosa guerra.

En ésta semana hemos perdido a cuatro compañeros, y en ésta macabra lotería estoy yo, rezando por el día en que te vuelva a ver.

Mi único consuelo es tu foto en mi cartera, tu mechón de pelo y esas cartas que no dejo de releer y de oler, como si con ello te tuviera un poco más.

Ya estoy perdiendo la cuenta del tiempo que llevo en ésta contienda, y no sabemos cuando terminará, si es que alguna vez termina...

Sólo pediría una cosa: Que si tengo que dejar mi vida aquí, al menos que Dios me dé las suficientes fuerzas para que antes de morir, pueda voverte a ver.

Tu novio.

Sueño de Sevilla.



A todos mis dibujos les he cogido cariño, y ésto, cualquiera que sea un poco amante de éste hobbie lo entenderá con facilidad; pero éste es uno de mis preferidos, quizá porque va unido a una pequeña historia, o también por las horas invertidas en él.
En mayo de 1986, tuve el capricho de hacer 2.300 kms en cinco días, en los que recorrí Andalucía casi entera: Visité Córdoba, Sevilla, Málaga, Granada y Jaén. Todas me encantaron, pero fué Sevilla la que me embrujó.
Al volver, tuve el capricho de hacer éste dibujo: Es la giralda de Sevilla vista desde los Reales Alcázares. Lo empecé en mayo de ese año 86, y lo tuve que dejar a medias por irme al servicio militar ( que todavía se hacía), y fué en marzo del 87, en un permiso, que lo terminé. Por entonces yo era muy dado a hacer diarios, y a apuntar todo, como por ejemplo que tardé un total de nueve horas en hacerlo. El dibujo está hecho a tinta china.

sábado, 10 de abril de 2010

Sirena protectora


Después de muchos años sin dibujar, me animé a volver a hacer alguna cosilla. Está hecho con grafito. En muchas zonas el grafito se ha usado muy suave para después frotarlos con un trapo; así consigo esa textura tan plana. ¿Te gusta?, déjame un comentario anda...

Encina - mujer.

Es curiosa la forma en la que decidí hacer éste dibujo: Paseando por una calle de Galicia encontré un recorte de papel que se parecía mucho a éste; lo guardé con idea de hacerlo algún día. Tuvieron que pasar 19 años para volver a encontrar el recorte por algún sitio y decidirme a hacerlo.
Éste fué un laborioso trabajo, ya que está hecho con tinta china; ésto implica que los tonos claros y oscuros sólo se consiguen juntando o separando líneas. Lo hice en 2005.

Mi bodegón


Nunca fué mi fuerte dibujar animales, por lo que me resultó más difícil de lo normal realizar éste bodegón. Está hecho con lápices de grafito en el año 1985.

Puente de Alcántara.

En el verano de 1988 visité Alcántara (Cáceres) y me encantó ésta construcción. En el extremo izquierdo según lo vemos en el dibujo, me encontré con una curiosa inscripción que quise mostrar en el mismo dibujo.
El dibujo está realizado íntegramente por lápices de grafito de diferentes durezas.

jueves, 8 de abril de 2010

Campos de Extremadura


Como una gran naranja ardiente,

el sol ilumina agonizante

filtrando sus últimos rayos

entre los encinares

de los campos

de Extremadura.


El día fué abrasador,

y al morir ese sol deja paso

a una nueva vida.


Ya un bonito manto de estrellas

empieza a cubrir recelosamente

el inmenso cielo; algunos pajarillos

canturrean bonitos trinares,

que llenan de vida

a la recién llegada noche.


Con menor intensidad,

pero con la misma firmeza

que su antecesor,

aparece majestuosa

una bella luna,

que con su embrujo llena

de preciosos brillos

a los encinares

de los campos

de Extremadura.

martes, 6 de abril de 2010

Viejo puente



Éste dibujo lo hice en 1985. En él se mezclan lápices de grafito de distintas durezas con toques de carboncillo en los primeros planos de la izquierda y zonas más oscuras.

Fachadas de pueblo


Éste dibujo lo hice en febrero de 1985. Una callejuela típica de pueblo. Está hecho todo con lápiz de carboncillo. Espero que te guste.

lunes, 5 de abril de 2010

El alfarero


Fascinante: Esa era la palabra que mejor describía el momento. A Tomás le encantaba modelar el barro. Lo llevaba muy adentro desde generaciones.

Mientras el torno giraba sin parar, Tomás movía sus dedos con un arte especial, con precisión. Era una sensación de dominio a la vez que de expresión; sí, de expresión, ya que las manos también hablan a veces, del mismo modo que en otras lo pueden hacer los ojos: Al igual que una mirada puede decir más en unos segundos, que una boca en toda una tarde.

Las manos, tal y como las utilizaba Tomás podían expresar odio, amor, rabia, desamor...

Mientras modelaba un jarrón, Tomás escuchaba música. La música también puede incitar a cambiar nuestro estado de ánimo. Y es de ese modo como, mientras escuchaba bandas sonoras de películas, modelaba su obra con un arte especial. Sonreía. Disfrutaba del momento.

Pero tal y como os decía, la música puede cambiar nuestro estado de ánimo. Puede hacernos recordar cosas, o trasladarnos a otro lugar o momento. Y en ese instante, la música que escuchaba Tomás le trajo duros y recientes recuerdos: No hacía mucho tiempo que su madre había fallecido.

Mientras sus ojos se humedecían, sus manos destruían el jarrón que con tanto gusto modelaba.

Se trataba de rabia interior, de rabia contenida. De cosas que debía haber hecho en vida de su madre, y que ahora evidentemente no tenían remedio.

El barro envolvía totalmente sus manos.

Pero al igual que una banda sonora le sumió en una nube de tormentosos recuerdos, ahora se tornó dulce y romántica, a la vez que más alegre.

Respiró hondo. Debía dominar su propia mente y era el momento. Sus pensamientos lucharon por centrarse en el gran amor que tenía en su casa.

Con su cambio de pensamientos, sus manos comenzaron a "hablar" de nuevo; y el pegote de barro que envolvía sus manos se empezó a transformar en un nuevo jarrón más estilizado y bonito que el anterior.

Aunque nuestra vida esté llena de duros golpes, hay que quedarse con los buenos momentosy modelar bellos jarrones.

Los amantes del lago rojo


Los años iban pasando y su amor era cada día más intenso, a la vez que secreto, ya que a la princesa le habían prohibido su amor.

Ahora, después de tanto tiempo había llegado el momento. Los padres de él y los de ella habían fallecido, y ya nadie impedía su amor.

Era el día más esperado y lo que parecía imposible había llegado: El día de su boda.

Hacía una mañana preciosa. Los primeros rayos de sol asomaban entre los árboles y prometían un precioso día.

La princesa, sentada junto al lago pensaba y pensaba en los muchos años que habían tenido que pasar, por unas ideas que ella nunca llegaría a entender.

Se sentía muy dichosa, pero a la vez no podía reprimir esas lágrimas que surcaban sus mejillas.

Un petirrojo herido la miraba.

Intentó acercarse a él, pero el pajarillo asustado, emprendió un corto vuelo que lo alejó a pocos metros de ella, hasta las rocas.

La princesa lo siguió, pero aunque herido, se desenvolvía mejor que ella y volvió a alejarse.

Nuevamente ella volvió a dar otro paso más, pero en éste resbaló sin poder evitar su caída al agua.

En esa zona del lago había mucha maleza y lodo; maleza y lodo con los que tuvo que luchar hasta morir ahogada.

El príncipe al enterarse quiso morir.

Y con su corazón destrozado, cada noche, volvía a ese lago; entre las mismas rocas que un día traicionaron a su amada.

Con su mirada perdida, pasaba horas mirando al agua, esperando nadie sabe qué.

No había pasado mucho tiempo, cuando una mañana el castillo amaneció revolucionado. La gente corría de un lado a otro oyéndose gritos de: !El príncipe ha desaparecido!...!El príncipe no está!...

Lo buscaron por todos los rincones. Después de horas de búsqueda, el príncipe apareció.

Su cuerpo yacía a la orilla del lago.

Se cuenta que murió de amor.

Sus hermanos ordenaron que el cuerpo se arrojara al lago con el de la princesa.

Desde aquel día, sus cuerpos yacen para siempre juntos en el fondo de ese lago. Y, sin saber cómo, desde ese día el agua del enorme lago se tornó rojiza. Cuentan las gentes del lugar que por el dolor de sus corazones.

Ésta historia ocurrió hace muchos, muchos años. Y es costumbre en el lugar, que las parejas casaderas se bañen en el lago antes de la ceremonia; para que el agua de ese lago les contagie...el amor verdadero.

El viejo eucalipto



Aquel verano papá nos sorprendió con algo muy especial. Todos los veranos en Jaén eran memorables, pero aquel verano en concreto me dejó un recuerdo muy especial: Papá nos construyó una casita de madera en un viejo eucalipto.


Yo ya iba siendo una mujercita, y disfruté haciendo una camita con paja, unas cajas a modo de sillas, etc...


Por cierto, me llamo Marta.


Los primeros días nos llegamos a reunir hasta cinco niños en aquella caseta. Pero, con el pasar de los días, al igual que suele pasar con todos los nuevos juegos a esa edad, algunos niños se fueron aburriendo y dejaron de subir.


En esos primeros días conocí a Jaime: Un niño pecoso, con el pero alborotado, rubio y con una cara de pillo que llevaba a engaño, ya que al conocerlo mejor, se comprobaba que había una gran persona en él.


Como iba contando, poco a poco algunos niños habían dejado de subir. Pero ni Jaime ni yo dejamos que tal pensamiento pasara siquiera por nuestras mentes.


Aún éramos niños; no conocíamos el amor, ni pensábamos en ello; pero sí un gran feeling que hacía que cada día fuese más bonito que el anterior, y que cada noche al acostarme sólo pensara en el momento de volverle a ver.


Fué un precioso verano, pero el verano pasó y por desgracia no se volvió a repetir.


Me contaron que los padres de Jaime habían comprado un apartamento en algún sitio turístico y que ya no volverían por aquel viejo pueblecito de Jaén.


Hoy ya han pasado muchos años de aquel verano: Ayer casualmente cumplí setenta años. Pero dicen que el mundo es un pañuelo, y ahora veo que es cierto. Me encuentro en un parque, en la isla de Tenerife, y frente a mí se encuentran dos ancianos: Uno de ellos es calvo y parece más mayor, el otro con poco pelo, pero tan revuelto como cuando era un niño: Lo reconozco. Lo reconocería entre miles de personas...o incluso habiendo pasado muchos años...


Él no se ha percatado aún o no me ha reconocido.


Quiero hablarle, pero no sé ni de qué manera empezar.


Tampoco sé cómo reaccionará...Mira que si no me recuerda...desde luego es muy probable que así sea...Desde luego que sigue teniendo esa cara de pillo y de dulce a la vez: Iré.


- ¿Jaime?


Me mira con una mezcla de duda e incredulidad, a la vez que de asombro, para en unos segundos tornarse en emoción:


- ¿ Marta?


Se levanta con cierta torpeza, es normal, han pasado tantos años. Se acerca a mí y sin mediar palabra, me abraza...nos abrazamos.


Miles de recuerdos se amontonan en nuestras mentes.


No sé cómo, pero el otro hombre se ha ido.


Los recuerdos se mezclan y se revuelven a empujones por salir.


No sé de qué manera acabará ésta amistad ( o sí). Pero lo que sí sé es que ha merecido la pena llegar hasta los setenta años, aunque sólo sea por el precioso momento que vivimos: Momento de reencuentro en el que recordamos aquel verano, y aquella original casa en el viejo eucalipto.

Visita inesperada


Llegó a mi casa sin avisar, siempre hizo lo mismo. Pudo ser una bonita mañana de sábado, pero me la estropeó su visita. Además me dió la impresión de que venía sin prisa por marchar. Era la visita que menos me apetecía en ese momento. Si él supiera las pocas ganas que yo tenía de que se quedara...

El día se me hizo larguísimo.

Después de comer me apeteció dar un paseo y quiso acompañarme: Yo quería perderme en mis pensamientos, pero ni eso me dejó. Siempre quiso que me atención hacia él fuera total.

Pensé que antes de cenar se marcharía; pero tampoco fué así: Tampoco se fué después de cenar.

Incluso se vino a la cama conmigo.

Tuvo que llegar la mañana del domingo para despertarme sin ese dichoso dolor de cabeza.

Espero que tarde mucho tiempo en volver a visitarme...

Castillo Saint Fleur


Viejo dibujo, que guardo con sumo cuidado, como todos los demás. Está hecho en su totalidad con carboncillo en el año 1984.

Paseo por la luna


Anoche dí un paseo por la luna. Caminé entre cráteres. Seguí senderos...Incluso encontré un riachuelo: Aguas cristalinas y sonido de agua en movimiento.

Me senté para observar los reflejos que las estrellas en el agua dibujaban. Metí mis pies en ella y, el reflejo de una estrella se acercó para hacerme cosquillas en los pies, mientras yo recreaba mis ojos en tan maravillosos parajes.

En medio de tanta paz escuché un sollozo.

Me asomé por el hueco que dejaba una gran roca, y allí te ví llorando.

Te levantaste de tu lecho y te acercaste a la hendidura; miraste con sorpresa el reflejo de mi estrella.

Por un momento pensé que me veías, pero enseguida comprobé que no era así.

Yo podía incluso oírte respirar; sentía tu calor, pero tú no podías verme.

Aún llorosa, por tu mejilla una lágrima se deslizó.

Al poco te diste la vuelta para volver al lugar donde te encontré.

Aún me quedé un rato para ver cómo de nuevo te dormías. Y allí me hubiera quedado eternamente si no fuese porque ese mismo reflejo de la luna me despertó.

Qué triste fué comprobar que todo fué un sueño. Mas esa tristeza en unos minutos se tornó en alegría, por descubrir que no estás muerta del todo.

Pienso que el día que yo muera, podré entrar por el hueco de esas rocas, y dejemos de llorar los dos...

domingo, 4 de abril de 2010

Invitación

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Hoy quiero invitarte
a dormir en un dulce hotel:
El hotel de mi pecho.
Al hacerlo quiero que sientas
en tal alojamiento
las cosas que aquí te expreso:
Quiero que sientas protección,
quiero que sientas calor;
pero sobre todo quiero que sientas
todo el amor
que tan dulce hotel
en su lecho encierra.

Presentación de mi blog


Dibujo desde niño. También me gusta escribir sobre todo lo que me pasa, mis vivencias, incluso me atrevo a veces con poemas y pequeños relatos, y en alguna página hice mis pinitos escribiendo artículos periodísticos, siempre sobre temas de interés.
Hoy me he decidido a crear éste blog, en el que quiero ir añadiendo un poco de cada una de éstas cosas.
No sé si llegará a alguien. No pretendo llegar a grandes masas, pero sí llegar a rincones del mundo que ni yo mismo imagine. Y que éstas personas colaboren en mi blog opinando, o incluso enviándome sus propias cosas.
Con mis historias, relatos y dibujos, espero llegar al corazón de alguien; con eso me sentiré suficientemente recompensado.