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jueves, 10 de junio de 2010

Mari la muda

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La vida de Mari no fué fácil. Ya desde niña tuvo que vivir con el obstáculo de no poder hablar: Sus padres le contaron, ya que ella lo recordaba muy vagamente, que un día, cuando vivían aún en el campo Mari se escapó. Tenía calor y mientras todos dormían la siesta plácidamente después de trabajar toda la mañana en el campo, ella salió de casa buscando un sitio más fresco donde dormir. Todo parecía una bonita aventura; tan niña y ella solita por la casa. Se fué al establo, con las vacas, gallinas...y no se le ocurrió otra cosa que echarse a dormir en un pesebre, con la paja fresquita. No se sabe el tiempo que allí estuvo, lo que sí se sabe, es que despertó asustadísima: Una vaca se acercó a comer al pesebre y con su mujir la sobresaltó. Tanto como para quedar muda.
Sus padres las llevaron a todos los médicos de la comarca, pero no hubo nada que hacer. Un psicólogo le dijo que probablemente si un día recibía un susto similar, recuperaría su voz. Pero los años fueron pasando y Mari no encontró ese susto, y por todo el pueblo pasó por ser "Mari la muda".
No tenía nada de tonta, pero la verdad es que somos muy malos, y cuando vemos a alguien con quien nos sentimos "superiores", nos crecemos; si no todos, la mayoría.
Mari durante su adolescencia tuvo que luchar contra muchas cosas, y unos años después, con superar una violación.
Ella quiso que su hija, Luz, naciera; fuera como fuese, era su hija; ella lo vió así.
Todos los médicos le dijeron que su hija no tenía por qué ser muda, pero ella tuvo ese miedo hasta el día en que la vió nacer. Y efectivamente, la niña no fué muda. Pasó dos preciosos años junto a su hija. Pero sus alegrías duraron poco, ya que una mañana su hija misteriosamente desapareció.
Nadie supo como, pero no se volvió a saber de Luz.
Mari la muda, vagó año tras año por el pueblo. Dejó de arreglarse, se abandonó. Ya después de unos años la policía archivó el caso, pero ella buscaba y buscaba como si su vida le fuera en ello.
Su incapacidad le hizo aún más difícil todos los trámites burocráticos.
Durante años pedía a Dios la muerte, pero ni eso salió nunca como ella pensaba: Muchas noches se acostaba pidiendo no despertar, pero volvía a amanecer un nuevo día, tan desolador para ella como el anterior.
En las fechas que desapareció la niña, o no mucho más tarde. Un rico matrimonio del pueblo abandonó su residencia, y se comentaba en el pueblo que la habían secuestrado ellos. Pero la policía siguió su rastro, y jamás dieron con ella.
Ya habían pasado 30 años de la desaparición de Luz cuando Mari enfermó.
Sus reiteradas gripes mal curadas, desembocaron en una grave neumonía. Su recuperación fué muy lenta, y su médico, conocedor de su conmovedora historia se compadeció de ella. Un día al salir del hospital, el doctor Garrido le compró una pizarra con la que ella iba pidiendo sus cosas, y contando partes de su historia que sorprendían al ilustre doctor.
Una tarde, ya a punto de recibir el alta, el doctor Garrido se sentó junto a ella y le dijo que necesitaba contarle algo: En ese mismo hospital había una nueva doctora que contaba una historia muy curiosa y que quería que al menos la conociera y hablara con ella.
La doctora se hacía llamar "Doctora Ruíz". Lo primero que vino a la mente de Mari fué que el matrimonio del que siempre desonfió se apellidaba así, pero acostumbrada a tantos golpes en la vida, su ilusión se esfumó con la misma velocidad que asomó.
Fué al entrar la doctora en la habitación cuando Mari vió algo que jamás creyó volver a ver, y no hicieron falta muchas letras en la pizarra, para saber la doctora que se encontraba frente a su verdadera madre.
Al abrazarse, la doctora oyó un balbuceo...para después oir más claro: "Hija mía"...
Su voz había vuelto sin saber bien como.
Con el paso de los días, Mari la muda pasó a ser simplemente Mari, pero una Mari muy feliz, con una hija doctora, que aunque toda la vida la habían llamado con otro nombre ahora volvía a llamarse Luz. Los trámites burocráticos para ese cambio eran lo de menos, y su hija quería ese nombre.
Con el paso de los años la vida le fué devolviendo a Mari toda la felicidad que le había quitado. Su hija se había casado con el doctor Garrido, y le habían dado un precioso nietecito.
Ya nunca volvería a pasar por tales desgracias.
Una tarde, sentada con su nieto dormidito en su regazo, se dió cuenta de todo lo que se hubiera perdido si una de esas noches de desgracia, realmente hubiera dejado éste mundo.


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2 comentarios:

Respirando entre palabras. dijo...

Ups, atrapante...
Cuantas cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos, verdad?
Cuantos finales tendrían q ser asi, felices...
Me gustó mucho el relato.Felicitaciones!
Besos

Anónimo dijo...

Eres muy emotivo y eso lo transmites en tus relatos. Este en especial... me puso los pelos de punta. Precioso relato