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lunes, 5 de abril de 2010

Visita inesperada


Llegó a mi casa sin avisar, siempre hizo lo mismo. Pudo ser una bonita mañana de sábado, pero me la estropeó su visita. Además me dió la impresión de que venía sin prisa por marchar. Era la visita que menos me apetecía en ese momento. Si él supiera las pocas ganas que yo tenía de que se quedara...

El día se me hizo larguísimo.

Después de comer me apeteció dar un paseo y quiso acompañarme: Yo quería perderme en mis pensamientos, pero ni eso me dejó. Siempre quiso que me atención hacia él fuera total.

Pensé que antes de cenar se marcharía; pero tampoco fué así: Tampoco se fué después de cenar.

Incluso se vino a la cama conmigo.

Tuvo que llegar la mañana del domingo para despertarme sin ese dichoso dolor de cabeza.

Espero que tarde mucho tiempo en volver a visitarme...

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