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lunes, 5 de abril de 2010

Los amantes del lago rojo


Los años iban pasando y su amor era cada día más intenso, a la vez que secreto, ya que a la princesa le habían prohibido su amor.

Ahora, después de tanto tiempo había llegado el momento. Los padres de él y los de ella habían fallecido, y ya nadie impedía su amor.

Era el día más esperado y lo que parecía imposible había llegado: El día de su boda.

Hacía una mañana preciosa. Los primeros rayos de sol asomaban entre los árboles y prometían un precioso día.

La princesa, sentada junto al lago pensaba y pensaba en los muchos años que habían tenido que pasar, por unas ideas que ella nunca llegaría a entender.

Se sentía muy dichosa, pero a la vez no podía reprimir esas lágrimas que surcaban sus mejillas.

Un petirrojo herido la miraba.

Intentó acercarse a él, pero el pajarillo asustado, emprendió un corto vuelo que lo alejó a pocos metros de ella, hasta las rocas.

La princesa lo siguió, pero aunque herido, se desenvolvía mejor que ella y volvió a alejarse.

Nuevamente ella volvió a dar otro paso más, pero en éste resbaló sin poder evitar su caída al agua.

En esa zona del lago había mucha maleza y lodo; maleza y lodo con los que tuvo que luchar hasta morir ahogada.

El príncipe al enterarse quiso morir.

Y con su corazón destrozado, cada noche, volvía a ese lago; entre las mismas rocas que un día traicionaron a su amada.

Con su mirada perdida, pasaba horas mirando al agua, esperando nadie sabe qué.

No había pasado mucho tiempo, cuando una mañana el castillo amaneció revolucionado. La gente corría de un lado a otro oyéndose gritos de: !El príncipe ha desaparecido!...!El príncipe no está!...

Lo buscaron por todos los rincones. Después de horas de búsqueda, el príncipe apareció.

Su cuerpo yacía a la orilla del lago.

Se cuenta que murió de amor.

Sus hermanos ordenaron que el cuerpo se arrojara al lago con el de la princesa.

Desde aquel día, sus cuerpos yacen para siempre juntos en el fondo de ese lago. Y, sin saber cómo, desde ese día el agua del enorme lago se tornó rojiza. Cuentan las gentes del lugar que por el dolor de sus corazones.

Ésta historia ocurrió hace muchos, muchos años. Y es costumbre en el lugar, que las parejas casaderas se bañen en el lago antes de la ceremonia; para que el agua de ese lago les contagie...el amor verdadero.

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