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jueves, 8 de abril de 2010

Campos de Extremadura


Como una gran naranja ardiente,

el sol ilumina agonizante

filtrando sus últimos rayos

entre los encinares

de los campos

de Extremadura.


El día fué abrasador,

y al morir ese sol deja paso

a una nueva vida.


Ya un bonito manto de estrellas

empieza a cubrir recelosamente

el inmenso cielo; algunos pajarillos

canturrean bonitos trinares,

que llenan de vida

a la recién llegada noche.


Con menor intensidad,

pero con la misma firmeza

que su antecesor,

aparece majestuosa

una bella luna,

que con su embrujo llena

de preciosos brillos

a los encinares

de los campos

de Extremadura.

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